10 marzo 2012

El unico disco de Paralisis Permanente

Muchas cosas han pasado entre el cuarto y el quinto concierto del disco El acto. La principal, la muerte de Eduardo Benavente, su mayor artífice, en un accidente de tráfico en 1983 cuando apenas contaba con 20 años. Su prematura desaparición truncó el brillante camino de una de las voces más prometedoras de la música española de comienzos de los 80, lo que se ha denominado (habrá que usar el término), Movida. Un camino que ayer volvió a retomar la amante de Benavente, Ana Curra, en un concierto de recuerdo a Eduardo, a su grupo Parálisis Permanente y a ese sonido que abrió las puertas en España a la avalancha punk y siniestra. 

En los 29 años que separan el cuarto del quinto concierto de El acto, la industria de la música se ha derrumbado y los compositores han dejado las guitarras en favor de los ordenadores. La tecnología ha llegado también al directo, con proyecciones y sonido digital. El número de grupos se ha disparado, pero los músicos han perdido ese aura de ídolos casi revolucionarios para convertirse en una pieza más de la industria del espectáculo. Y, por si fuera poco, ya no se puede fumar en los conciertos. Por estos motivos, Ana Curra se tomó este quinto concierto no como una continuación de donde lo dejaron tras su actuación en León, aquel 13 de mayo de 1983, sino como un «funeral festivo» en honor a Benavente. «Ya sabéis cómo va esto», avisó Curra a las primeras de cambio. «Esto es un recuerdo a los ausentes, y no sólo a los míos, sino a los de todos vosotros», apuntó, para luego decir que Eduardo «estará sobrevolando» la sala Kapital de Madrid, donde se celebró la actuación. 

Retirada durante años del rock, Ana Curra reclutó para la resurrección de El acto a César Scappa (guitarrista, escritor y su actual pareja), Manolo UVI (bajo y excomponente de La UVI y Commando 9mm), José Battaglio (guitarra y miembro de La Frontera) y Rafa Le Doc (batería). Un quinteto curtido que se ha atrevido a volver a grabar cuatro de los temas del que fuese único disco de Parálisis Permanente. 

Aquella historia truncada marcó a muchos, como se pudo ver ayer en una sala Kapital colapsada y que demostró ser un lugar poco apropiado, con sus cuellos de botella, su diabólica disposición y sus dificultades sonoras, para rememorar aquellos tiempos que se fueron y que sólo a través de la música parecen volver. Olor a cuerazo, crestas y pelos de colores, besos, reencuentros, Amaral por aquí, Jesús Ordovás por allá, nostalgia festiva y ganas de cantar aquellas 13 canciones. 

Ana Curra, que fue el animal más bello de la Movida, salió cubierta con una gasa de rejilla negra que dejaba ver su ropa interior y de una chupa de cuero encima. A sus 53 años, se puede permitir revivir el look sexual y afilado de Parálisis Permanente sin que haya que lamentar ningún estrago por el paso del tiempo. Poniendo su voz en el lugar de él, la superviviente de Parálisis arrancó con El acto y el Quiero ser tu perro (desembarco en español del I wanna be your dog de Stooges), abalanzándose sobre los teclados para emular a John Cale. Luego Nacidos para dominar, Te gustará, Yo no y esa maravillosa versión del Héroes por la que muchos aprendieron lo que quería decir David Bowie. A partir de ahí, la locura y el karaoke colectivo: Tengo un pasajero y sus historias del mono, el Quiero ser santa del que luego se apropió Alaska, Vamos a jugar, Esto no es, Jugando a las cartas, Todo el mundo y un simbólico Unidos («Van a morir unidos») antes de un bis apoteósico bajo una proyección con la imagen de Benavente: Adictos a la lujuria, Autosuficiencia y Un día en Texas.

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