30 diciembre 2011

Un salvavidas inesperado para la economía mundial.

Los gobernantes de los países vecinos lo habían advertido, medio en broma, medio en serio, que para obtener un crédito del Banco Mundial (BM) tendría poco menos que justificar el gasto de luz de su propia casa. En tiempos de crisis, los organismos financieros suelen endurecer sus criterios, y a esta consideración se sumaba otra peor: que el presidente peruano, Ollanta Humala, aún no se había liberado de la etiqueta de populista que le colgaron las consultoras de Wall Street, pese a que desde su ascenso al poder controla el gasto fiscal con el celo con que un converso abraza su nueva fe.

Humala se había preparado para una especie de auto de fe, pero hete aquí que la reunión con los representantes del BM consistió más que nada en escuchar elogios a los avances de Perú en el área económica y en el plano institucional. Porque la transición desde el Gobierno de centroderecha de Alan García al suyo, con supuestas inclinaciones chavistas, fue impecable. Y porque el país que hasta los 90 era considerado como sinónimo de inoperancia económica alcanzará este año un crecimiento del 9,2%, el más alto de Latinoamérica.

El caso peruano expone claramente los pasos que ha dado la región -con algunas notables excepciones, como Cuba y Venezuela- hacia una meta que antes parecía inalcanzable: la de un desarrollo sostenible y hasta envidiable, si se compara con el marasmo en el que se encuentran las economías del llamado primer mundo.

El último estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé un crecimiento regional de entre el 4% y el 5% para 2012, mientras que Estados Unidos crecerá el 1,8% y la Eurozona, el 1,1%. La «inversión de los roles» que mencionan algunos analistas también es elocuente al cotejar las tasas de desempleo de Brasil y de México, de 6% y 5,4% en 2010, con las de EEUU y Europa, que registraron un 9,6% y un 9,9%.

«En estas circunstancias era previsible que los inmigrantes que habían ido a Europa regresaran a sus países de origen», señala Joaquín Rodríguez Peña, experto en migraciones de la Corporación Andina de Fomento (CAF). «En el primer trimestre de 2011, 4.110 argentinos abandonaron España junto con 2.234 ecuatorianos, 2.050 peruanos y 1.816 colombianos. En el mismo periodo, unos 27.000 españoles dejaron su país [el 23% más que en 2010] en busca de nuevas oportunidades en el extranjero».

«En el pasado, Latinoamérica era el problema con mayúsculas de la economía mundial. El hermano camorrista, siempre metido en golpes y contragolpes de Estado. Ese hermano maduró y es parte de la solución para las crisis planetarias», aseguró recientemente el ministro chileno de Hacienda, Felipe Larraín. Al hilo de esa reflexión, Pedro Walker, analista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sostuvo que la crisis del primer mundo ya es estructural y no coyuntural, como se sigue creyendo: «La división del orbe en países desarrollados, de incipiente desarrollo o en vías de desarrollarse ha quedado obsoleta. La idea de que los países agrícolas deben industrializarse para alcanzar el pleno desarrollo es otro dogma que data del siglo XIX». Walker explicó que el futuro de la América morena, con sus vastas extensiones de tierra cultivable y sus gigantescas reservas de agua dulce, es consolidarse como el gran proveedor de alimentos en un planeta que a partir de 2030 demandará 1.000 millones de toneladas de cereales al año y donde 38 de los 93 países más pobres sufrirán escasez de agua.

Los expertos coinciden en que los mayores obstáculos para el desarrollo de la región son el narcotráfico y la falta de integración económica. Roberto Martens, participante en el Foro de la Federación Latinoamericana de Bancos, dijo que es muy difícil compaginar las diferentes prioridades y citó como ejemplo la campaña de Brasil y México para convencer a sus vecinos de aplicar criterios más rígidos a las exportaciones de China, que compiten «de forma desleal» con la industria de estos países: «Una demanda que se estrelló con la postura de Chile y Perú, dos potencias agrícolas que en conjunto exportan unos 23.000 millones de euros anuales de sus productos a China y que de ninguna manera sacrificarían a tan buen cliente en aras de la integración económica regional».

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