15 noviembre 2011

He descubierto valores que no sabía que tenía.

Verbo es una fábula quijotesca sobre la adolescencia. «Es un cuento narrado desde una sensibilidad especial. Es una película diferente a lo que el espectador está acostumbrado», comenta Alba García, que interpreta a Sara, una adolescente de extrarradio de 15 años con un sexto sentido. Intuye que en el mundo tiene que existir algo más que lo que ven nuestros ojos, algo escondido que empieza a obsesionarle.

Guiada por su instinto, la joven empieza a toparse con una serie de inquietantes mensajes que la empujan a una nueva dimensión, en la que inicia un viaje para salvar su vida. En el transcurso de este devenir perturbador pero lleno de aventuras, Sara encuentra un nuevo reto: el modo de cambiar el mundo.

Alba recuerda el rodaje con mucho cariño. «Fue bastante duro y hubo momentos en los que me desgasté muchísimo, pero a la vez fue una experiencia muy terapéutica», comenta. «Sara es tan sensible y tan valiente, que interpretándola encontré en mí misma muchos valores que no sabía que tenía».

Dice que se ha ido soprendiendo a sí misma durante esta experiencia. «No sabía que podía ponerme delante un set de rodaje y actuar. No sabía cómo, pero actuaba. Lo hice todo desde la intuición», explica. «Aunque también tengo que decir que sin la ayuda de Eduardo -el director-, no lo habría conseguido. Es un gran profesional que me ayudó en todo momento», añade Alba.

En la película, la actriz novel comparte papel protagonista con Miguel Ángel Silvestre, el famoso Duque de la serie Sin tetas no hay paraíso. Podría decirse que Alba es ahora la chica más envidiada del planeta, pero ella no lo percibe así. «Había oído hablar de él, pero tampoco lo seguía mucho. Y he de decir que me sorprendió, porque no es como lo pintan algunos. Detrás del Duque, un apodo que le va a acompañar toda la vida -dice entre risas-, hay una persona muy especial y un gran amigo. Tenemos muchas cosas en común».

Aunque asegura que no es la envidia entre sus amigas por compartir cartel con Miguel Ángel Silvestre, Alba sí admite que creó un gran misterio en torno a ella durante los dos años que han pasado entre el final del rodaje de la película (en 2009) hasta su estreno, el pasado 4 de noviembre. «Mis amigos ya no me creían. Les había dicho que había rodado una peli y me preguntaban que cuándo se iba a estrenar. Y no sabía qué decirles, porque hubo muchos cambios en la fecha de estreno», recuerda. Alba se siente una gran afortunada, al haber sido protagonista de esta experiencia y contar con el apoyo incondicional de su entorno.

Verbo ha sido su primera experiencia en el mundo de la interpretación, y la joven quiere que no sea el único. «Quiero formarme más, estoy buscando escuelas para hacer algún curso». La joven ha terminado el instituto y se está tomando un año de reposo. «Estoy abierta a nuevos proyectos, tanto de cine como de televisión, preferiblemente comedias», confiesa divertida, al volver a recordar al profundo y complicado personaje de Sara en Verbo.

Alba también se considera una apasionada del teatro, la danza, la ópera... «Me encanta todo lo que tenga que ver con lo artístico», dice, mientras recuerda su primera experiencia en el mundo de la canción. «Cuando tenía 11 años, me junté con una amiga y compusimos la letra de una canción y la coreografía para bailar en el escenario. Era para un evento que se celebraba en el colegio. Lo tengo grabado en casa y me encanta volver a verlo», comenta.

La joven recuerda su etapa estudiantil con especial cariño. «He tenido la gran suerte de estudiar con unos buenísimos profesores. Me considero una buena estudiante, he sacado siempre buenas notas. Sobre todo me gustan las Humanidades, el Arte y la Historia», explica Alba.

La actriz confiesa su pasión por las letras y su debilidad con los números. «Matemáticas y Física y Química siempre se me han dado muy mal. Recuerdo que cateé Matemáticas dos años seguidos y con Física y Química aprobar era imposible. Suspendía, volvía a suspender... Hasta que un día me dije a mí misma que esto no podía ser tan difícil. Volví a revisar todos los apuntes y les dediqué tiempo y paciencia», dice Alba. «Después de esto, en el examen final saqué un 8. ¡Imagínate la cara de mi profesora cuando le dije que había intentado comprender lo que estaba estudiando y que lo había conseguido!», comenta entre risas. «No hay asignatura difícil si intentas entenderla», concluye.

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