07 noviembre 2011

Es posible enseñar con 40 alumnos en clase.

PREGUNTA.- ¿En qué consiste una escuela que aplique su teoría de las inteligencias múltiples?
RESPUESTA.- Tendría dos características principales: en primer lugar debe prestar atención a cada estudiante, asegurar que cada uno pueda aprender y dejar que nos enseñe qué ha aprendido. El segundo punto es la pluralización de las herramientas: no sólo se enseña hablando. Hay que demostrar las cosas que se quieren enseñar usando, por ejemplo, imágenes, fotografías, obras de arte, el trabajo en equipo... hay muchísimas formas de explicar la misma idea.
P.- ¿Sirve para algo estudiar de memorieta?
R.- Siempre viene bien tener una buena memoria para aprenderse un poema, por ejemplo. Pero la vida es muy corta y si no me acuerdo de una cita de Abraham Lincoln pues lo miro en internet. No voy a perder el tiempo en memorizar cosas. Normalmente si algo te gusta y te interesa ese tema, lo vas a recordar. A mí me encanta la Historia y siempre recuerdo datos históricos. En cambio, me encanta leer novelas y cuando las he terminado generalmente no me acuerdo de la trama. Si una novela me ha gustado de verdad, le diré a otra gente que la lea. Eso me ayudará a mantenerla en mi memoria y quizá, quién sabe, vuelva a leerla.
P.- ¿No se recurre demasiado a los exámenes como única forma de evaluación?
R.- Eso no está bien. Ahora, con los medios digitales, hay muchas maneras de evaluar el rendimiento de un alumno. Incluso cuando no estoy en España, suelo hablar sobre el Guernica, de Picasso, porque explica la Guerra Civil española. Es casi tan bueno como un artículo de Wikipedia, y es un cuadro, no hay ni una sola palabra.
P.- ¿Cómo se puede aplicar el modelo de enseñanza basado en las inteligencias múltiples en un aula con 30 alumnos?
R.- Los medios digitales nos abren nuevas posibilidades y creo que en el futuro los profesores serán como tutores que guiarán a un alumno a un producto de software y a otro estudiante a otro programa distinto. Pero incluso si no tuviéramos ordenadores, no puedes desanimarte por el número de alumnos. Puedes hacer grupos con distintas habilidades para que se ayuden unos a otros, o hacer que en esa aula entren estudiantes más mayores para que ayuden en la enseñanza. Además, así cada estudiante comprende un poco cómo es el proceso de aprendizaje y así será partícipe del sistema de enseñanza. Hay muchas cosas que se pueden hacer incluso con 40 estudiantes en clase.
P.- Parece bastante partidario del uso de las nuevas tecnologías en el aula...
R.- Los profesores tienen que saber lo que deben y quieren enseñar y lo que quieren que los alumnos aprendan. Y para ello deben usar los medios que tengan. Hace 12 años dejé de dar clases. Grabé una serie de vídeos y cualquier alumno puede acceder a ellos a través de internet. Ahora hago cosas que no se pueden hacer por la red, como animar a los alumnos a hacer cosas nuevas que no se aprenden con un libro. No se trata de si lo digital es bueno o malo sino de saber lo que se está enseñando. Para ciertas cosas, una pizarra tradicional es magnífica, pero para otras si tenemos una digital, ¿por qué no usarla?
P.- ¿Cómo fue su experiencia personal como niño y adolescente en clase?
R.- Era un estudiante magnífico, pero no uno fácil de tratar. Con frecuencia sabía demasiado y eso no tenía muy contentos a mis profesores. Voy a contarle una una anécdota. Con 11 años, tenía una profesora terrible, que tenía cierto poder en la escuela. Afirmó que había tocado una nota con un instrumento. Le dije que se equivocaba, que era otra nota. Vino con la regla y me dio en la mano delante de toda la clase. Cuando se lo dije a mi madre, que era una inmigrante de Alemania y tenía muy claro lo que era la autoridad, me acompañó a la escuela y se quejó al director. Él obligó a la profesora a disculparse. Esa fue una lección fundamental para mí. Mi madre me defendió. Yo, cuando veo que algo injusto ocurre, intento corregirlo.
P.- En España hay una tasa muy alta de alumnos que al terminar la enseñanza obligatoria no continúa estudiando. ¿Qué se puede hacer cuando un chaval de 16 o 17 años quiere abandonar?
R.- Hay un par de cosas que se pueden hacer, como convertir la escuela en un sitio interesante, donde él sienta que está aprendiendo cosas prácticas. Yo estudié latín y me encantaba, pero no es muy útil, así que quizá no sería una de las clases principales que pondría. Otra cosa: yo soy muy crítico con los EEUU, pero es un país perfecto para las segundas oportunidades, siempre puedes volver a clase. No me importa que un alumno de 16 años abandone si lo contrario es quedarse para crear problemas, pero si dos o tres años después se lo replantea, puede continuar e incluso acceder a la universidad, si quisiera.
P.- ¿Aboga por potenciar las inteligencias que menos desarrolladas tenemos o por exprimir al máximo aquello que se nos da bien?
R.- Es la propia persona y su familia quienes tienen que decidir si prefieren tratar varias áreas o si quieren llegar a la excelencia en una sola. Mi recomendación es que los niños deben ejercitar todos los músculos intelectuales, pero a medida que crecen y llegan a la adolescencia, ser experto en un área es más útil. Así podrán ayudar mejor a otros y dejarse ayudar por los que tengan un punto fuerte diferente al suyo.

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