13 septiembre 2009

Nosotros lloramos con lágrimas que vuelven.

Nosotros, lloramos con lágrimas que vuelven.

Nosotros, lloramos para que regresen los muertos, en lágrimas de acero.

Nosotros, estamos obligados a la furia íntima de lo sagrado.

Nosotros, vamos por los ríos intangibles de la sangre, en silencio, porque silentes son los caminos, por los que un día volverán las almas de los muertos.

Nosotros, nos mantenemos vivos, porque ellos, nuestros muertos, nos están soñando.

Nosotros, invictos hijos de esos muertos, respiramos el aire por sus bocas, y nos convertimos en la sal del universo.

Nosotros, en un día o en mil, poco importa, bordearemos el sol que ilumina a los hermosos muertos de la estirpe, a los sagrados muertos, a los niños que nos arrebató el enemigo, a los niños que nos arrebató el infortunio, a los guerreros, a las vírgenes, a los que defendieron con la espada, el fusil o la pureza, nuestras líneas en un asedio interminable.

Nosotros, por nosotros, vendrá la victoria, y se la deberemos a ellos, a nuestros muertos.