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Mostrando entradas de agosto, 2009

El niño viejo.-

Si tomas a un niño,
y le quitas las gafas.
Le cortas el pelo.
Le robas las dudas.
Escondes sus manos,
ocultas sus juegos.

Si le pintas los ojos
de negro por dentro.
Le cierras los labios.
Entonas su cielo.
Si le dices a un niño
que no tiene tiempo.
Que delante no hay sitio.
Que no hay sentimientos.

Si le muestras el final
y le desvelas los secretos.
Si le quitas sus sueños.
Si le pones a un niño
un golpe en el pecho.

El niño se rompe.

El niño, es un viejo.

El Lobo... Hermann Hesse (1903).-

Nunca en las montañas francesas había habido un invierno tan terriblemente largo y frío. Desde hacía semanas, el aire era claro y helado.

De día, los grandes glaciares inclinados se extendían infinitos y de un blanco mate bajo el cielo de un color azul muy vivo; de noche, la luna, clara y pequeña, pasaba por encima de ellos; una luna gélida, de un brillo amarillento, cuya luz intensa adquiría tonos azules y broncos en la nieva, y parecía la personificación misma de la helada.

Los hombres evitaban todos los caminos, y especialmente las cumbres; ateridos y maldicientes, permanecían en las cabañas de sus aldeas, cuyas ventanas, enrojecidos, brillaban y se extinguían pronto, por la noche, de un modo turbio y humoso, junto a la luz azulada de la luna.

Eran tiempos difíciles para los animales de la región. Los más pequeños perecían helados en gran cantidad; también los pájaros sucumbían a la helada, y los flacos cadáveres servían de botín a los azores y a los lobos.

Pero también éstos pasaba…