19 julio 2009

Sapos, ranas y culebras.-

Sapos, ranas y culebras. La pequeña Claudia juega.

Abracadabra pata de cabra. Es su mundo de magia.

Se pica con una rueca, duerme para siempre. Tumbada en su litera espera, oye voces, el príncipe llega.

Se abre la puerta, asoma el rostro de su padre con los ojos vidriosos y la cara desencajada.

Claudia cierra los ojos, quiere estar dormida, tiene que estar dormida, se picó con una rueca.

Se cierra la puerta y respira, hasta que vuelve a oír voces ahí fuera.

Su padre grita a su madre, le insulta, sus palabras pastosas no disimulan los exabruptos que salen de su boca.

El príncipe azul ha llegado, le ha besado en los labios, se miran a los ojos y la promete que la va a llevar muy lejos, al país donde siempre se es feliz.

Algo se ha caído, se oye el ruido de cristales rodando por el suelo.Claudia viaja a lomos de un unicornio blanco, es mágico y hace que el viaje sea más corto, el aire la golpea la cara, le baila el pelo, se siente libre.

Su príncipe la escolta por el camino, a su lado nada malo le puede suceder.

Un golpe seco atraviesa la puerta, a éste le sigue otro y otro y otro. Los gritos de su madre ya no emiten palabras sólo gemidos y llantos.

Ha llegado al País de la Felicidad. Miles de personas acuden a su encuentro, le aplauden en su entrada triunfal rodeada de duendecillos.

Se hace el silencio.

Por un momento ya no hay ruidos, voces, golpes hasta que ahora es su padre el que llora, llora como jamás ha llorado.

Claudia llega al castillo pero no puede entrar, el príncipe, los duendes, el unicornio, las gentes ya no están.

Sólo hay un cuarto oscuro, cierra los ojos, tiene que volver, su príncipe la está esperando, el castillo se desvanece, la puerta se abre, su padre entra deshecho en lágrimas, suplicándola perdón.

La sirena de una ambulancia se funde en la noche.

Abracadabra pata de cabra. Ranas sapos y culebras. Claudia lo intenta pero el príncipe no llega.

03 julio 2009

La flor del camino.-

¡ Qué pura, Platero, y qué bella esta flor del camino ! Pasan a su lado todos tropeles - los toros, las cabras, los potros, los hombres- , y ella, tan tierna y tan débil, sigue enhiesta, malva y fina, en su vallado solo, sin contaminarse de impureza alguna.

Cada día, cuando, al empezar la cuesta, tomamos el atajo, tú la has visto en su puesto verde. Ya tiene su lado un pajarillo, que se levanta - ¿ por qué ?- al acercarnos; o está llena, cual una breve copa, del agua clara de una nube de verano; ya consiente el robo de una abeja o el voluble adorno de una mariposa.

Esta flor vivirá pocos días, Platero, aunque su recuerdo podrá ser eterno. Será su vivir como un día de tu primavera, como una primavera de mi vida... ¿ Qué le diera yo al otoño, Platero, a cambio de esta flor divina, para que ella fuese, diariamente, el ejemplo sencillo y sin término de la nuestra ?